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La Casa de Moura - Folclore electoral

Después de ver a Miqel Iceta bailando al ritmo de Freddy Mercury allá por el mes de septiembre, esto se veía venir.

Cuando entramos de lleno en la campaña electoral para las elecciones generales del 20 de diciembre, muy lejos de pensar en asistir de nuevo a un proceso muy aburrido, nos preparamos para asistir a uno de los mayores shows ofrecidos por la clase política de nuestro país. De hecho ya llevamos varias semanas asistiendo a los prolegómenos de lo que si lugar a dudas va a ser el mayor espectáculo de la reciente historia democrática de España. Sin ningún género de dudas esto va a significar un antes y un después en el modo de hacer campaña de los políticos, en el modo de relacionarse con los ciudadanos y el modo de contarnos lo que quieren hacer y cómo lo quieren hacer.

No estoy criticándolo, estoy sencilla y llanamente constatando una realidad que entiendo que va a implantarse para el futuro con rotundidad en nuestro país. De entrada el que no sea capaz de desnudarse para un cartel electoral, el que no sepa cantar,  bailar o tocar la guitarra, el que no sepa jugar al ping pong, o al futbolín, el que no sepa cocinar, el que no sea capaz de subirse en un globo aerostático o lanzarse por las rápidas corrientes de un río de aguas bravas o el que no haya sido un ligón en sus años mozos, parece que de entrada lo va a tener muy crudo para participar en una carrera hacia la presidencia del país. 

Esto no es malo, es decir el hecho de que los políticos, muy especialmente aquellos que se presentan como candidatos a la presidencia del gobierno, nos muestren su lado más humano no es en sí mismo malo. Lo criticable es que lo hagan en campaña electoral, porque es lo mismo exactamente que la imagen esa tan tradicional del político besando niño de todas las elecciones. Además a esto hemos de sumar el hecho de que lo que hacen en ese acto de desnudez del espíritu y el cuerpo, es alguna veces ridículo en exceso.  

Como en este país tenemos la manía de querer ser los primeros, los más, los mejores, a buen seguro que vamos a ser capaces de trasladar al resto del mundo, al resto de países democráticos y también a los que no lo son, nuevas fórmulas de hacer campaña electoral, nuevos modelos para el conocimiento de los candidatos por parte de los ciudadanos.

Imagino sin tardar mucho campañas electorales basadas en dos elementos imprescindibles a partir de ahora. Por un lado los debates, debates de todos contra todos, debates en todos los sitios, debates a todas horas, debates sobre los debates. Por otro lado lo que podemos denominar a partir de ahora Gran Gincana Electoral. Hala, todos los candidatos concursando para superar las pruebas y los obstáculos establecidos a lo largo de un recorrido para ver quien consigue superarlos antes y en mejores condiciones. 

Imaginemos una cucaña bien ensebada para que los candidatos demuestren quién es el más rápido en llegar hasta las campanas de la iglesia de San Pascual, para evitar que suenen cuando las monjitas las intenten tañer todos los días. Un enorme plató al aire libre en el que los candidatos dispuestos en cómodos divanes muestren su certeza a la hora de contar nubes. Candidatos mostrando la destreza en otorgar medallas a Franco y apoyar el que se le quiten sin que el personal se percate del bimorro. O candidatos pertrechados con escalera y destornillador para ver quién es capaz de quitar más placas de calles madrileñas que recuerden al régimen franquista. Y así hasta el infinito. 

Qué goce, qué ilusión, cuánta seguridad en la capacidad de gestión de los candidatos  obtendremos con esa nueva forma de hacer campaña!!  Pues para mi, qué gusto da ver y escuchar a un político sin imposturas, tal como es, sin hacerse el graciosillo, sin querer aparentar que es el que ligó más de joven, dándole a las cosas el valor que tienen y no el que los oyentes quieren que le de. Me gustó Rajoy en el programa de Bertin (ya sé, ya sé que ninguno del rojerío progre reconocerá haber estado esa noche ante el televisor). 

Soso? un poco, pero lo elegimos para gobernar España en el momento más difícil, no para que nos contase chistes y ha hecho muy bien su trabajo. Otros en su intento por mostrar una bis cómica no pasan del sonrojante ridículo. 

Además hizo lo que hubiéramos hecho cualquiera de nosotros, cuando a la pregunta de un adulto el niño contesta con una impertinencia, colleja al canto. Es Rajoy, igual que la mayoría de nosotros, de los que piensa que la educación de los hijos empieza en casa. Conmigo que cuente.

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